Mi hogar son mis libros, mis cuadros, mi hijo dormido en paz, el gato a mis pies. Mi hogar son mis cuadernos, la lámpara junto a la cama y su círculo de luz. Y el cansancio de tantos días en mis pies descalzos sobre la madera. Los que no están y vienen conmigo. Varias fotografías. Tantas dudas. Todas las horas en que paseo mi existencia por estos metros cuadrados de apartamento.
Daría algo, a veces, por sentir otra vez la sensación de
salir de clase por las tardes y andar por la calle que se oscurece, los bares
recién iluminados, el frío, los libros en el pecho. Las botas retumbando en las
aceras, algunos restos de lluvia en el suelo. Lo que queda del día es una
página en blanco, cualquier detalle del camino una promesa. Y callejear sin
rumbo, respirar la libertad inmensa de ser yo sola en la ciudad nido, permeable
a todo antes de volver a casa.
"...creo conocer muy bien el dolor que de niños apretamos contra el pecho, que dura toda la vida, con una nostalgia tan profunda que ni siquiera eres capaz de llorar. Lo agarramos con fuerza, sí, con cada latido del corazón convulso: esto es mío, esto es mío, esto es mío." Elizabeth Strout, Me llamo Lucy Barton
"Así debe ser como nos manejamos la mayoría de nosotros en el mundo, medio a sabiendas, medio sin saber, asaltados por recuerdos que no pueden ser ciertos. Pero cuando veo a los demás andando con seguridad por la calle, como si estuvieran completamente libres del terror, me doy cuenta de que no sé cómo son los demás. Hay mucho en la vida que parece pura especulación"
Elizabeth Strout, Me llamo Lucy Barton
“Hacía media
hora que se había puesto el sol, el momento que yo llamaba la hora azul.
Soplaba el viento, la luz era bellísima, las montañas se perfilaban muy nítidas
y se distinguía perfectamente cada hoja en cada árbol” Jean
Rhys, El ancho mar de los Sargazos
lo poco que queda del día se ovilla de un modo que parece nido o gota
azul de agua guarida pócima mágica y sin embargo duelen los perfiles nítidos de todas las cosas que
brillan
exhalan una especie de canto último azul y fugaz transparente las
ramas de los árboles de la calle las ventanas abiertas la brisa en la cortina
los contornos de los edificios los pájaros las bocinas de los coches las motos toda
esa gente que bulle febril en procesión hacia la fiesta la alegría el ruido ese
monstruo
ajeno absolutamente a la breve belleza quieta del fragmento de azul
cobalto en el cielo de la ventana al detalle de la brisa y del sutil expirar silencioso de todo lo
que claudica y se pierde con esa luz última en los minutos previos a la noche oscura